Cada cierto tiempo me gusta esbozar definiciones de lo que soy o puedo ser. Siempre eligiendo ser taxativa, concreta y específica en cada una de las cosas que pudiesen ayudarme a establecer lo que soy.
Hasta ahora...
Hoy, me sorprendo apreciando matices antes inimaginados, dispuesta a disfrutar a cocho cualquier situación, sin buscarle un trasfondo, sin esperar nada más allá del tiempo presente, sin expectativas.
Dejarse fluir en el cúmulo de sinsabores y sabores, de mitos, alegrías, estupideces y errores ha sido un proceso del que no tomé consciencia real hasta hace unos días, pero en el cuál llevo mucho más tiempo del que imaginaba.
En algún punto elegí variar del camino clásico, no sé hace cuanto pero ya que estoy en esto he decidido vivir relajadamente el proceso. Ya que no hay proyección, tampoco hay exigencias ni expectativas y eso quiere decir que soy libre de decepciones, frustraciones y alegatos.
No es que todo sea color de rosa, porque es romper con un paradigma y enfrentarme a creencias arraigadas en mi desde la infancia... pero ahora siento que realmente es el único camino, y ya que es así como me siento... sólo me queda serle fiel.

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