14.9.07

Un vaso en mi cabeza...

Anoche salimos de ¨Farra¨como dice Lau, me reí y la pasé bien. caminamos mucho en plena call y con una lluvia increible.
Yo en verdad era la que se mojaba...

El tema es que recordé que hace rato quería subir un poema acá...
Quizás tenga algo que ver con eso, quizas el recuerdo vino a mi mientràs esaba parada bajo la lluvia con un vaso en mi cabeza...

***

No sé, me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
Esta fue -y no otra- la razón de que me enamorase, tan locamente, de María Luisa.

¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos? ¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo y sus miradas de pronóstico reservado?
¡María Luisa era una verdadera pluma!

Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina, volaba de comedor a la despensa. Volando me preparaba el baño, la camisa. Volando realizaba sus compras, sus quehaceres...

¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando, de algún paseo por los alrededores! Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado. "¡María Luisa! !María Luisa!"... y a los pocos segundos, ya me abrazaba con sus piernas de pluma, para llevarme, volando, a cualquier parte.

Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia que nos aproximaba al paraíso; durante horas enteras nos anidábamos en una nube, como dos ángeles, y de repente, en tirabuzón, en hoja muerta, el aterrizaje forzoso de un espasmo.

¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera..., aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas! ¡Qué voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes... la de pasarse las noches de un solo vuelo!

Después de conocer una mujer etérea, ¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre? ¿Verdad que no hay una diferencia sustancial entre vivir con una vaca o con una mujer que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?

Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender la seducción de una mujer pedestre, y por más empeño que ponga en concebirlo, no me es posible ni tan siquiera imaginar que pueda hacerse el amor más que volando.


Oliverio Girondo, Espántapajaros

8.9.07

Retomando


Revisando mi fotolog y las fotos del año pasado me di cuenta de algo: a pesar de todo lo que podía ocurrirme, era feliz. Mantenía constantemente ese optimismo intrínseco que me identificaba. Hoy siento que de alguna forma había dejado de lado ese aspecto tan característico y positivo. Comprendí que hace mucho que no me detengo siquiera a escuchar los latidos de mi corazón y si quiero hacerlo no logro identificarlos.
He llegado al tope.
Ya no más del desanimo en que me siento inserta.
Quizás sea un proceso pero he decidido parar... no es esta la vida que elijo para mi... yo soy mucho más.
Desde ahora atraigo para mi positivismo, alegría, felicidad y latidos, ¡¡¡millones de latidos!!!