28.8.09

Volviendome un poquito retro...


Hace un pare de semanas comencé a recordar los dibujitos que me gustaba ver cuando era pequeña (es importante aclarar que SIEMPRE he visto mucha televisión). No sé muy bien de qué forma llegué a una página en dónde se podrían descargar todos los capítulos de Candy Candy. Fue algo así como encontrar una adicción... comencé a bajarlos y verlos y llorar y llorar y llorar.

Toda mi vida he sido bastante llorona, pero mis lágrimas con Candy esta vez fueron por otras razones. Desde una perspectiva ya más madurita y no en los 5 años, la vida de Candy se traduce de forma disntinta. Mis lágrimas iban más por el área del desencanto, del desamor, de la compasión, el amor y la amistad.

Ser empático con el otro significa comprenderlo, no utilizarlo para revivir tus penas con sus penurias, pero de cierta forma el volver a ver Candy me permitió revivir ciertas etapas. Los capítulos en que ella está en el colegio San Patricio son, sin dudralo, mis favoritos. La vida con sus amigos medios parientes jajaja, Terry y sus pesadeces, el descubrirse en cierta forma como una mujer, todo es increíble. Luego viene el verano en Escocia, deliciosos capítulos en donde cada personaje madura a su modo, y también donde maduran sus lazos... Pero después le sigue el desastre y con ello la más completa desolación.

Además de lo amargo que me parece el romance entre Candy y Terry, cultivado a la distancia y a base de recuerdos compartidos, me duele aun más su separación definitiva. Cómo Candy regresa a su casa con Albert tan desolada y necesitando tanto consuelo, es ahí donde me detendré... Supongo que aquí es donde comprendí uno de los aspectos que más ha cambiado en mi, a comparación de la primera vez que vi Candy. La amargura ante un término me parece brillantemente reflejado, ese dolor que provoca fiebre, esa tristeza que no se acaba nunca, ese deseo de felicidad hacia el otro a pesar que solo sentías que la felicidad tuya era compartiendo tus momentos con él.

Supongo que Candy es una de mis heroínas de la infancia y no por lo buena que fuese, o por lo sufrida, sino por la fuerza que tenía de continuar. Creo que ahí va el mensaje de la serie, por sobre todo, ese levantarse constantemente, superarlo, perdonar y fluir.

Si alguien me preguntara qué es de Candy hoy, estoy segura que ella es feliz, quizás casada con algún buen tipo (quizás con Albert, después de todo siempre fue un buen compañero para ella, un consuelo, un amigo y un cómplice), quizás sola... pero estoy segura que ella es feliz, porque su fluidez respecto al actuar de los otros me maravilla. Nunca sintió odio hacia Neil o Eliza, los personajes más pérfidos de la existencia, siempre los ayudó si es que estaba en sus manos, siempre los trato dignamente. Comprendió la fuerza máxima del universo, esa de amar, simplemente amar. Candy es feliz a pesar de haber sido abandonada al nacer, a pesar de la muerte de Anthony, a pesar de la maldad de Eliza, a pesar de su distanciamiento con Terry... Nunca se abandona al pesar, siempre ve lo mejor de los otros, siempre ve lo mejor de la vida.

Ahora, hay varias cosas que no me gustan de Candy, no es que sea perfecta. Siento que le faltó fuerza para jugarsela por su amor con Terry. No tenían para qué separarse. No tenía que hacerse cargo de los dolores ajenos, y menos comprar los victimasos de otros.

Hay algo en esto de volver a ver Candy que comprendí para mi, algo con lo que lloré viendolo en ella, pero que después de volver a sentir ese peso en el pecho ( relamente sentirlo) lo comprendí. De cierto modo, sé que hace mucho comencé una etapa, algo que no dejó que me embarcara en nada más realmente, pues había un miedo que me paralizaba. Un día de mis 13 años se acercó a mi el amor de mi infancia, quería conversar conmigo sobre nuestros sentimientos... el miedo fue tanto que salí corriendo y nunca volvimos a hablar.

Desde ese día mis historias estan inconclusas, siempre alguien corre y yo no entendía el por qué. El miedo de la primera vez que huí seguía haciendose presente en cada oportunidad. Nuevamente me castigué por algo, y lo repetía y lo traía al presente. La pena de sentirme cobarde y huir no me dejaba tranquila porque no quería asumirla. Nunca lloré eso porque me parecía ridiculo llorarlo... pero la pena estaba ahí. Y a través de Candy comprendí esto. Y llorando con ella, lloraba por mi...

Quizas todo sea raro, pero el volverme retro tenía su razón de fondo, razón que recién comprendí. Y así, sin más, un alivio en mi pecho apareció.


0 comentarios: