Nunca creí que las andansas curiosas terminarían de la forma en que acabaron. Pero no me arrepiento de nada, siento que el ser de la forma que fui me permitió crecer de una manera que nunca hubiese esperado. Hoy no tengo miedo a amar, a dar, a ser, porque comprendo que es mi esencia, independiente de como sea recibido mi mensaje; sé lo que ya NO estoy dispuesta a aguantar.
Aprendí a ver cuales son en verdad mis límites. Establecer mi ritmo independiente del ajeno. Dejar de esperar en mi lugar de siempre con la ventana abierta. La ventana seguirá siempre igual porque no merece ser cerrada, pero no será cualquier Romeo el que logre entrar, ya no es factible esa modalidad .Por decirlo de alguna forma ya no soy TAN engrupible. Una vez dije que el tema no es someterme a ritmos ajenos, pero aun teniendolo claro aguanté. En algún rincon de mi corazón quedaron las ilusiones, y cuando yo elija volveran a aparecer. Por ahora el caballerito de ojos dormilones se quedó en su eterna espera miselanea, conjurando las formas de aprender y crecer... mientrás yo elijo sobrevolar, despegar, y ser, nada más que ser.


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